sábado, 14 de noviembre de 2009

Astrología, ¿Mito o realidad?

¡Otro artículo más sobre astrología y van...!
No podemos menos que asentir: el tema parece agotado, las conclusiones son inconcluyentes, campean los lugares comunes, y se adoptan posiciones de compromiso como para que nadie quede disconforme; pero tampoco nadie queda conforme.
Le proponemos un desafío interesante: convencerse de que pueden obtenerse útiles resultados y pautas de conducta por medio de un enfoque novedoso y, sobre todo, un análisis racional de este discutido tema, cuya actualidad se va tornando añeja.



Un poco de historia

Ya en los albores de la civilización, los caldeos practicaban la astrología. Dada la naturaleza humana, es probable que su origen sea aún más remoto, aunque nada se sabe con certeza.
En Grecia y Roma antiguas y en la Edad Media, la astrología pasó por diversas etapas y tuvo períodos de apogeo y de decadencia. Más que el pueblo, sus adeptos principales fueron reyes, emperadores, nobles, sacerdotes y hombres ilustres.
Sólo en la época actual, con el auge de los medios de comunicación, la astrología ha pasado al dominio público y forma parte del bagaje de conocimientos y creencias del hombre común.


¿Por qué astrología y no física?

Un interrogante que surge casi naturalmente es: ¿por qué el hombre de la calle suele preferir la astrología a otras disciplinas, por ejemplo la física, la estadística o la psicología, para reglar su comportamiento y acercarse al conocimiento del mundo? Las causas son complejas y no pretendemos acá explicarlas totalmente.
En primer lugar, la astrología se encamina en forma directa —sin tediosos, difíciles e inseguros cómputos intermedios— a los temas que más de cerca nos conciernen: la salud, los negocios, el amor; predice los hechos y orienta nuestro comportamiento.
Por otra parte, la astrología disfruta del apoyo de la fe, cosa no común en disciplinas menos esotéricas. Lo que no goza de fe está sujeto a duda y por lo tanto a verificación. Cualquier falla de los principios, de los supuestos o del encadenamiento lógico hará que los resultados no concuerden con los hechos. Y así la falta de cumplimiento de pronósticos meteorológicos provocará comentarios irónicos sobre la idoneidad de los meteorólogos o de sus instrumentos, y en cambio las diferencias de la realidad con los horóscopos no afectarán para nada el prestigio de la astrología; en efecto: hay tantas variables para considerar y es posible interpretar de tantas maneras hechos y pronósticos, que la verificación sencillamente no tiene lugar.
Y finalmente, la astrología ofrece, por su flexibilidad de interpretación, campo muy fértil para la proyección de los propios deseos sobre el mundo exterior, forma en que las mentes poco templadas mitigan los embates de la fortuna.
Nada mejor que un ejemplo para aclarar conceptos. Supóngase que alguien lea en su horóscopo: “Martes: evite las discusiones”. Se trata al mismo tiempo de una predicción velada (“el martes habrá peligro de discusiones”) y de un consejo (“evítelas”). ¿Qué otra disciplina puede suministrarnos predicción y consejo tan concisos basándose sólo en dos datos: la fecha de nacimiento y la fecha actual? Y todo esto sin necesidad de cálculo alguno por parte del interesado. El apoyo de la fe vuelve ociosa toda verificación; ni siquiera existe la posibilidad de fallas, pues la multiplicidad de interpretaciones la elimina. En efecto, si uno no discute, simplemente habrá obedecido el consejo; si en cambio discute, la predicción de discusiones se habrá cumplido y el consejo habrá sido desoído. Y como si no bastara con estas ventajas, quien busque paz podrá interpretar el consejo positivamente y eludir altercados, mientras que quien quiera pelearse con la familia, la novia o los amigos podrá hacerlo ese día sin remordimientos y alegar luego que el suceso era “inevitable”, pues estaba previsto en “su” horóscopo.
Es así como el hombre actual, a pesar de su barniz de conocimientos científicos (y a veces hasta a su favor), cree —ocasionalmente en forma subrepticia y vergonzante— en las predicciones astrológicas.


Los que se oponen

Lógicamente no faltan los detractores, quienes basándose en argumentos puramente racionales le niegan todo fundamento a la astrología.
La voz de estos opositores no se oye en proporción a su número, principalmente por las siguientes razones: primera, porque el caso les parece totalmente decidido y falto de interés, tanto como que dos más dos son cuatro; segunda, porque creen que quienes leen los horóscopos lo hacen por pura diversión, como si consumieran historietas; tercera, porque opinan que, después de todo, se trata de una actividad inocente, a lo sumo una pérdida de tiempo; y cuarta, porque la publicación de tal parecer contrario no acrecentará su patrimonio, mientras que un juicio favorable incrementará la demanda de horóscopos y las ganancias de quienes los producen.


La autoridad de la palabra impresa

Debería ser evidente que la creencia en la astrología es fomentada por la publicación de horóscopos, la cual es a su vez sustentada por la creencia en la astrología.
Mucha gente es víctima de la fascinación de la palabra impresa. El argumento de que “está escrito” se oye con demasiada frecuencia en apoyo de un aserto dado, olvidando que muy probablemente también esté escrito el aserto opuesto.
En el caso de la astrología, un nuevo elemento ha venido a sumarse últimamente a la autoridad de la palabra impresa: la confección de horóscopos por computadora. El lego cree que las computadoras jamás se equivocan, pues ignora que los resultados obtenidos por su intermedio no son mejores que los datos alimentados ni que las instrucciones provistas.
Pero ¿quién podría acusar de engaño a una revista por publicar horóscopos? La revista imprime lo que la gente desea leer, y no necesariamente lo verdadero. Si así no fuera, leeríamos a menudo muy verdaderos recuentos de piedritas en el parque en vez de historietas o cuentos a sabiendas ficticios. Se argumentará que los horóscopos ostentan pretensiones de veracidad. Pues bien, mayor veracidad pretenden las declaraciones políticas, y los comentarios huelgan.


Un veredicto

Hace algunos años se celebró en Bogotá un “Congreso de Brujería y Ciencias Ocultas”. De más está decir que uno de los temas más zarandeados fue el de la astrología. Casi en forma simultánea, y por cierto con harto menor notoriedad, un comité de científicos dio a conocer en los Estados Unidos una declaración tachando a la astrología de puro charlatanismo. Es razonable colegir que se aprovechó la oportunidad para tratar de contrarrestar la influencia del mencionado Congreso sobre la opinión pública, al oponer la reconocida autoridad de los hombres de ciencia a los visos de seriedad de ese Congreso semioficial.
No es nuestra intención analizar toda esta declaración, sino concentrarnos sobre un punto de la misma que ataca la propia base de la astrología. El párrafo en cuestión expresa que “es de todo punto ridículo sostener que la posición de los astros en el momento del nacimiento de una persona influirá sobre toda su vida, pues las acciones de los astros a tales distancias son ínfimas y despreciables”.


Influencia verdadera de los astros

Uno se siente tentado de aprobar el veredicto antedicho por la mera apelación al sentido común, pues ¿por qué va a influir más la posición de los astros en el momento del nacimiento que, por ejemplo, en el de la concepción o en el de sucesos importantes de la vida? ¿Y por qué no tendrán igual o mayor influencia el estado del tiempo en Sudáfrica, las discusiones del parlamento hindú o los choques de vehículos en las esquinas cercanas? Pero esta vez el sentido común nos engaña. Vamos a mostrar, y hasta los más reacios nos darán la razón, que —aunque parezca increíble— la mayoría de las veces la posición de los astros en el instante del nacimiento y en el momento considerado tiene mayor influencia sobre el individuo que otras circunstancias en apariencia menos insignificantes.
Imaginemos una inmensa (e irrealizable) computadora que, tomando como datos las posiciones y las velocidades de todas las partículas del universo, calculara las posiciones y velocidades futuras de dichas partículas. Supongamos que, al suministrarle los datos a la computadora, se haya cometido un error de un centímetro en la posición del centro del Sol, cuya distancia a la Tierra es de aproximadamente 150 millones de kilómetros. En tal caso, las predicciones de la computadora con respecto a las partículas acá en la Tierra, escasos minutos después, serían totalmente erróneas; cosa no demasiado difícil de aceptar, aun sin recurrir al apoyo de los científicos que así lo demostraron.
Esto viene a probar dos cosas: primera, que la posición de los astros realmente influye sobre los sucesos terrestres; y segunda, que determinar dicha influencia es del todo imposible. Por cierto, todavía no hemos aclarado cómo es que determinadas influencias importan más que otras, pero ya llegaremos.


Una explicación más accesible

Ante tanto tecnicismo, el hombre de la calle (si es que aún nos acompaña) se habrá sentido intimidado, y a estas horas dirá:
—Todo esto está muy bien, pero ¿cómo voy a comprenderlo? ¿No habrá una forma más sencilla de explicarlo?
Afortunadamente la hay, pero la hemos reservado hasta ahora, en parte para crear suspenso, y en parte para apoyarnos en conceptos algo más rigurosos antes de la explicación informal siguiente.
Sucede algo muy simple: las posiciones de los astros cuando nace una persona y en el momento considerado influyen en su destino principalmente a través de la astrología. Si dicha persona cree en la astrología, reglará (por lo menos parcialmente) su comportamiento de acuerdo con el horóscopo, basado (se dice) en las susodichas posiciones astrales; y si no cree, alguno de sus parientes, amigos o conocidos creerá, y se encargará de afectar su devenir de acuerdo con el signo bajo el que la tenga catalogada. Por eso es que las posiciones astrales importan más que el estado del tiempo en Sudáfrica: nadie ha basado jamás sus horóscopos sobre el mismo, ni siquiera los sudafricanos.
¡Ah!, pero acá hay trampa, dirán. No. Ninguna trampa. Sería lo mismo que desdeñar la influencia de los hechos observados por los testigos en un juicio porque esa influencia actúa sólo a través de testimonios.
También se dirá que, como las posiciones astrales ejercen su influencia por intermedio de las interpretaciones astrológicas, con otras interpretaciones la influencia sería muy distinta y hasta opuesta. Nada más cierto; pero las interpretaciones actuales son como son y eso es lo importante.


Profecías ciertas y profecías falsas

Así planteado el caso, parece indiscutible que las posiciones astrales tienen influencia nada despreciable sobre el comportamiento humano. Recordemos que, pese a ello, la determinación exacta de tal influencia es imposible; la confección de horóscopos quedaría completamente descalificada como actividad seria. Pero como la predicción exacta del futuro, por cualquier medio imaginable, es materialmente imposible, los horóscopos no quedan en desventaja.
Ahora bien, si algo se pretende con los horóscopos no es justamente precisión; bastaría con que las pautas generales se cumplieran para declarar correcto un horóscopo.
Entonces, queda en pie la cuestión: estadísticamente, ¿los horóscopos tienden a verificarse o no?
Si consideramos el horóscopo como una profecía, para catalogarlo como cierto o como falso sólo disponemos del criterio de Santo Tomás de Aquino: “Profecías ciertas son las que se cumplen, falsas las que no”. Lo importante de esta definición, en apariencia perogrullesca, es que hace completa abstracción de los medios que llevan a cumplir o no la profecía. Así, si el rey dice al reo: “Morirás por la mañana” y consecuentemente lo hace ejecutar, su profecía es cierta aunque su cumplimiento emane de la frase tomada como orden.
Veremos ahora cómo podría lanzarse una cualquiera de entre dos profecías opuestas, y cumplirse la elegida sin importar cuál sea, de acuerdo con el criterio precedente.


Predicciones que se auto-cumplen y predicciones que se auto-destruyen

Supóngase que un periódico lanza la predicción —disfrazada de noticia— de que escasearán los combustibles. Como es lógico, los automovilistas se apresurarán a llenar sus tanques; aumentará la demanda de combustible, y realmente escaseará. Nótese que esto sucederá aun en ausencia de todo factor externo de escasez; es decir, la misma predicción, o mejor dicho su difusión, habrá sido la causa de su cumplimiento. Se dice de tal predicción que es auto-cumpliente.
Supóngase ahora que el Departamento de Caminos emite un informe radial anunciando que, de los dos caminos entre las ciudades A y B, el camino 1 se hallará congestionado y el 2 vacío. Los automovilistas que viajen entre A y B (y hayan escuchado el informe) preferirán el camino 2 al 1, y por ende el congestionado será el 2 y el vacío el 1, contrariamente a lo predicho. La predicción es auto-destructiva.
Por supuesto, existen predicciones que no son ni lo uno ni lo otro, por ejemplo las relativas al tiempo. Para que alguna predicción corresponda a alguna de las dos clases mencionadas, es necesario que su conocimiento influya en aquéllos de quienes depende su cumplimiento, cosa harto difícil en el caso de la meteorología.
Ahora bien, dada una predicción de las que influyen sobre su propia realización, no es fácil determinar a priori si es auto-cumpliente o auto-destructiva. En general, esto dependerá de las influencias relativas de factores (generalmente económicos) en pugna, por ejemplo los problemas de las aglomeraciones por un lado, y las ventajas obtenibles aun sufriendo dichos inconvenientes por el otro.


Condición para la validez absoluta de las predicciones

Vemos ahora claramente cómo dos predicciones diametralmente opuestas pueden ser a la vez potencialmente ciertas o falsas; ciertas si fuesen auto-cumplientes, falsas si fuesen auto-destructivas. La única circunstancia que impide que esto sea real es la necesidad de su difusión previa: la auto-influencia sólo se aplicará a aquélla que se difunda, y si ambas son difundidas, los efectos se producirán proporcionalmente a las difusiones respectivas. En realidad, este concepto no debería resultarnos extraño, pues de tal manera funciona la propaganda: “Compre X antes de que se agote”.
Por ejemplo, las predicciones opuestas “el dólar subirá” y “el dólar bajará” son del tipo auto-cumpliente. Un diario puede elegir publicar la que más le convenga y, si su difusión y credibilidad son suficientes, la elegida se cumplirá. Por cierto, si la credibilidad es negativa, el efecto será opuesto.
Ahora se torna evidente que, aun cuando predicciones de este tipo cumplan con el mencionado criterio de Santo Tomás, como el éxito depende de quién grite más, en rigor no se las debería considerar verdaderas ni falsas.
Nos permitiremos, pues, enmendarle la plana al santo, y postular:
“Predicciones absolutamente ciertas son las que se cumplen sin haber sido divulgadas; predicciones absolutamente falsas son las que, en idénticas condiciones, no se cumplen” (2).
Entonces, los horóscopos no pueden ser considerados como absolutamente ciertos ni como absolutamente falsos, pues su divulgación es un hecho.
Una de las pocas formas posibles de comprobar o rechazar la validez absoluta de los horóscopos consistiría en observar a cierto número de personas que no reciban información sobre los mismos y analizar estadísticamente su comportamiento. Esta empresa es difícil porque poca gente hay que no haya sufrido la influencia de los horóscopos, aunque más no sea porque saben que nacieron en determinado signo, al cual se le adjudican ciertas características. Una forma más astuta de proceder sería falsificar las fechas de nacimiento de los sujetos, hasta para ellos mismos y para el experimentador, aplicando una técnica estadística conocida como “doble ceguera”. De cualquier modo, las dificultades persistirían, sobre todo por razones sociales.
En tanto no se realice una experiencia similar —y de acuerdo con lo que sabemos no se ha realizado aún— no podremos en rigor disipar la duda sobre la validez absoluta de los horóscopos. No obstante, ya aclarados algunos de los elementos intervinientes, nos vemos conducidos racionalmente —aun sin pruebas factuales— a concluir que los horóscopos no son absolutamente ciertos ni falsos, en forma estadística. Obsérvese que, si fueran falsos, eso haría automáticamente ciertos los opuestos, cosa no menos sorprendente.
Nótese bien que esto no significa que un horóscopo se cumplirá la mitad de las veces y la otra mitad no. Por ejemplo, predicciones tales como “hoy no nevará en Buenos Aires” tienen probabilidades a favor mucho mayores que el 50%, y eso no implica notable talento predictivo. La definición estadística rigurosa cae fuera de los límites de este artículo; resumamos así el concepto: los horóscopos, en forma absoluta, se cumplirán a lo sumo con la misma frecuencia con la que se cumplirían las predicciones de un matemático sin otro conocimiento que la frecuencia con la que ocurren los eventos pronosticados.


Donde aparece la psicología

Descartada la validez absoluta de los horóscopos, nos vemos enfrentados al problema de su validez relativa, es decir, previa divulgación. Como toda predicción difundida entre quienes se encargan de cumplirla, cada horóscopo tenderá al tipo auto-cumpliente o al auto-destructivo.
Es de preguntarse entonces: ¿a cuál de los dos tipos pertenece en promedio el conjunto de los horóscopos?
Para contestar esta pregunta no disponemos de premisas económicas porque, por un lado, muchos de los tópicos abordados por los horóscopos (amor, amistad, salud) no son intrínsecamente económicos, y los que lo son (negocios) se enfocan —al igual que los demás— desde un punto de vista estrictamente individual, es decir: cómo a uno le irá en los negocios, no cómo andarán los negocios del mundo, del país o de la empresa. Tratándose de problemas individuales, la disciplina de elección para suministrarnos una pista no es la economía sino la psicología.
Quizá la psicología disponga de otras respuestas, pero a nuestro juicio una de las más adecuadas la provee una moderna rama de la misma, el Análisis Transaccional, en particular a través de uno de los libros de su creador, el Dr. Eric Berne: “What do you say after you say hello?” (¿Qué dice Ud. después de decir hola?). El humor del título contrasta con la profundidad del contenido. La tesis principal del libro afirma que todo ser humano se forma, entre el nacimiento y aproximadamente los seis años, un “rol” o “papel” en la vida, bajo influencias familiares, relaciones con la gente y lecturas y narraciones; rol que va perfeccionando y ensayando en varias etapas durante toda la vida hasta arribar a su representación final, que puede ser benigna o trágica.
Es claro que los horóscopos, ya sean leídos por el sujeto o, mejor aún, mencionados al mismo por sus mayores, tendrán influencia sobre el rol, el cual decidirá en gran parte su vida futura. El mismo Dr. Berne menciona explícitamente esta circunstancia e indica que el signo astrológico del paciente debe ser tenido en cuenta si él o sus padres creen en la astrología.
En general el sujeto tiende a cumplir su rol; en algunos pocos casos tiende exactamente a lo contrario, pero por lo común sin poder esquivar su “destino”. Como los horóscopos influyen en la formación del rol, debemos deducir que estadísticamente son predicciones auto-cumplientes. En resumen, aunque parezca increíble, los horóscopos tienen mayor probabilidad de cumplirse que de no hacerlo.
A quien opine que nuestra conclusión es arriesgada, considerando la fragilidad de los argumentos cuya concatenación la sustenta, le aclaramos que por ahora tiene razón, pues además no sabemos de experimentos controlados al respecto. Sin embargo, le recomendamos la atenta lectura del libro del Dr. Berne, que lo convencerá de la validez del último argumento en juego más que nuestro escuálido resumen.


Algunos consejos

Después de la teoría, la práctica. Permítanos algunos consejos basados en las consideraciones precedentes.

1. Si aún después de leer este artículo usted sigue creyendo (en el sentido de la fe) en los horóscopos, no comente con sus amigos o conocidos las supuestas características de ellos según sus signos. Aun si hacerlo no le trae disgustos, sólo le servirá para mantener relaciones superficiales, donde cada uno ve al otro no como realmente es sino dentro del molde de su horóscopo.

2. Nunca converse con sus niños sobre sus personalidades según los signos, y menos aún les eche en cara algo por ese concepto (“—Tonto, como todos los de Piscis”). Si bien hoy los fabricantes de horóscopos evitan destacar cualidades negativas, hasta las positivas pueden resultar contraproducentes si no coinciden con las del niño. Y aun en el caso de cualidades positivas y coincidentes, usted lo estaría acostumbrando a apoyarse en lo mítico.

3. No hable de “su signo”. Aunque es un buen método para relacionarse con crédulos, la relación será superficial, como dijimos. Si en cambio su interlocutor no cree, lo tomará a usted por tonto.

4. No lea horóscopos; pierde el tiempo. Si cree y obedece consejos específicos (“el jueves desfavorable para la salud”), estará empleando falsas normas de conducta en vez de las correctas (“el día de lluvia peligro de mojarse”). Si en cambio toma consejos generales (“evite peleas”), debería preferir a los psicólogos o a los filósofos. Además, los horóscopos ni siquiera son divertidos. Una excepción: si gusta de aprovechar debilidades ajenas, lea el horóscopo de sus conocidos creyentes y proceda en consecuencia.

5. Puede escribir horóscopos y libros de astrología; da dinero. (nota del autor del blog: aunque es cierto, considero que está demás decir que este punto debe tomarse humorísticamente y no de manera literal..)

6. No escriba artículos criticando la astrología; no se hará popular.


Para terminar

Iniciamos este artículo con la pregunta de su título: “Astrología: ¿mito o realidad?”.
Para quien a estas horas no tenga clara la respuesta, aquí va:
Astrología: mito y realidad, pues los mitos son una realidad.

Encontrado en el foro psicofxp, el nick del autor es Harakiri, quien al parecer envió el artículo a varios diarios sin respuesta alguna.

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10 comentarios:

  1. MexDF.Independient.Press

    GUILLERMO CAPELLAN, ESOTERICO ARGENTINO RECHAZA A OFIUCO.

    Astrologos de todo el Mundo apoyan al investigador de Argentina.

    Guillermo Capellán, esotérico argentino asegura que: "OFIUCO, UNA ESTRATAGEMA DEL STAR TRIBUNE, VUELVE AL ANONIMATO"

    "Se acabó la refriega universal sobre si la Astrología tendría un NUEVO SIGNO ZODIACAL, Ofiuco, la 13º Constelación que configuraría un NUEVO ZODÍACO" afirmó categóricamente el Esotérico y Astrólogo argentino, GUILLERMO CAPELLÁN quien se contactó con un asistente del Astrónomo PARKE KUNKLE.

    "El Profesor Parke KUNKLE fue vilmente engañado por el STAR TRIBUNE. El periodista que lo entrevistó le hizo un planteamiento astrónomico y jamás se habló del 13º tercer SIGNO del ZODIACO ni de ASTROLOGÍA" le aclaró el asistente del astrónomo americano."

    "El Profesor KUNKLE está decepcionado con el periódico y pronto desmentirá este desastre mediático. Quien conozca al Sr. Kunkle sabe que es un científico con ética y respeto por quienes practican y profesan la ASTROLOGÍA."

    Guillermo Capellán, miembro de WWPA International y de la Asociación Mundial de Astrología, concluyó diciendo "esta jugada mediática del STAR TRIBUNE, logró su objetivo: atacar a la vilipendiada Astrología, destruir la esfera celeste de los doce Signos Zodiacales y hasta logró que algunos astrólogos ya prepararan libros y literatura comercial".

    Don Zodiac Guille, exortó "los Astrólogos del Mundo deben sostener el ZODIACO OCCIDENTAL HISTÓRICO y solo podemos nosotros reformarlo e introducir a OFIUCO como el nuevo sistema astrologal pero no se puede introducir por ahora esa reformulación de la esfera zodiacal"

    Fuente: www.saltanoticiassalta.com

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  2. Me parece bien el articulo. sin embargo me parece importante explicar algo.
    No es lo mismo cientifico que dependiente de drogeria, el horoscopo de los diarios es producto en su parte mas importante de la necesidad de atraer publico, una carta astral personal es imposible imprimirla para cada lector, es necesario contar con datos muy precisos, lugar, fecha, hora, minuto.
    El dinero tanto se puede hacer luchando contra la astrologia como defendiendola, en realidad el que tiene como objetivo hacer dinero emplea uno u otro medio, (no es una critica, no me parece mal ganar dinero).
    El confundir a los lectores no informados, colocando en un mismo nivel a los horoscopos diarios, cartas astrales, vudus, psicoanalisis, y pulseras magicas es una manera de confundir y manipular, puede que no de manera consciente pero es muy evidente para todo aquel que no se crea todo lo impreso.
    Por ultimo una pregunta, ¿si conoces las diferencias entre las cosas no es negligente y demagogico no expresarlas por escrito?
    Si me lo permites colocare un post sobre el efecto forer en astrologia, muchas gracias.
    http://astroconciencia.blogspot.com/2011/03/el-efecto-forer.html

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  3. @Paco:

    Cometes un error de base, la astrología es pseudociencia PUNTO. No importa que sea una carta astral "personalizada" o un horospoco "general" ambas fallan en su misma base, creer que los astros tienen alguna influencia sobre nosotros al momento de nacer. Te recomendaría que leyeras el resto de los artículos del blog sobre la astrología, donde verás algunas preguntas que estaría bueno que intentes contestar, con EVIDENCIAS claro.

    Por ejemplo: ¿Qué fuerza es la que influye sobre nosotros? ¿O sea cuál es la "energía" que el astro envía que produce la influencia? ¿Qué hacemos con Plutón, lo seguimos aceptando o no? ¿Por qué sólo 12 signos zodiacales? ¿Qué hacemos con Ofiuco y Cetus? ¿Que pasará dentro de miles de años cuando las estrellas cambien de ubicación y los signos zodiacales desaparezcan? ¿Por qué la duración de los signos es la misma cuando el sol tarda distinto tiempo en desplazarse por cada signo? ¿Qué pasó con los horoscopos anteriores al descubrimiento de de Urano, Neptuno y Plutón?

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  4. Andres tus preguntas son todas contestables, se que parten de la premisa dl desconocimiento.
    Si deseas conocer respuestas sin ningun tipo de prejuicio te aseguro que las tendras, sin embargo si lo que deseas es un ejercicio demagogico y populista de cara al publico potencial de esta web pues entonces no.
    tu decides, continuar viviendo en la idea de rechazar lo que no conoces o conocer para poder decidir.

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  5. por otra parte Andres casi todas las preguntas estan contestadas en mi blog
    http://astroconciencia.blogspot.com/
    no deseo especialmente publicitarme aqui, pero repetir lo mismo es un poco absurdo, lee y pregunta despues, te contestare con agrado.

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