sábado 26 de junio de 2010
Escepticismo, soberbia y humildad
Hace tiempo que quiero hablar de este tema, pero no he encontrado la forma de hacerlo. Aunque parezca paradójico, muy frecuentemente me sucede que me acusan de "soberbio" cuando hablo del escepticismo, y promuevo la duda frente a algunas personas. Y supongo que no soy el único.
Hay veces que se quiere desacreditar una forma de pensar acusándola de ser exactamente lo que ésta critica, y esto evidentemente es culpa nuestra.
El escepticismo científico es una posición práctica, filosófica, científica y epistemológica, en la que se cuestiona a las pseudociencias y, en general, la veracidad de las afirmaciones que carecen de evidencia empírica suficiente. En la práctica, esta posición suele aplicarse al examen de afirmaciones y teorías que van en contra del razonamiento lógico y del método científico. El escepticismo científico se basa en el pensamiento crítico y se opone a afirmaciones que carezcan de evidencia empírica verificable y contrastada.
Una vez comprendido lo que Wikipedia nos quiso explicar, podemos deducir que el escepticismo científico intenta ser humilde con todo el cuerpo de su pensamiento, si se me permite usar este oximoron. Cuando una persona que tiene una forma de pensar que se acerca al escepticismo científico intenta comprender la idea de algún terapeuta alternativo, o cualquier variante de lo que comprendemos como charlatán, suele librarse una discusión donde termina el escéptico riéndose del charlatán y siendo acusado de soberbio y arrogante. Pareciera que el escéptico no logra entender que puede haber algo más allá.
El escepticimo científico no es soberbio ni arrogante en sí mismo, sino que nosotros lo somos. Lo que sucede es que nos cuesta mucho no reírnos y burlarnos de cada tontería ilógica que nos vienen a plantear. ¿Significa esto que "nos las sabemos todas"? En absoluto. El hecho de que muchos no podamos contenernos y terminemos riéndonos de las energías, vibraciones, planos astrales, flujos energéticos, es porque entendemos algo de ciencia, y sabemos que ninguna de esas afirmaciones tiene algún tipo de sustento lógico o experimental.
Planteado esto, es propio de una persona soberbia, como en el caso de los que promueven estas mentiras, afirmar que estas cosas existen sin ofrecer ningún tipo de prueba, y menos aun oir las críticas que suelen recibir. Así que son ellos los que creen que "se las saben todas". Nosotros simplemente aparentamos saber mucho porque necesitamos dos o tres preguntas para desarticular un argumento falaz. Y por más que desconozca las bases de la gelatinoterapia oriental vibracional, sólo necesito saber que si no se ha hecho un estudio de doble-ciego al respecto, es muy probable que no funcione, o que parezca que funcione por el archiconocido efecto placebo. De hecho llevo siempre llevo en mente una serie de argumentos prefabricados para explicarle la invalidez del "a mí me funciona". Lo mejor es ver la cara que ponen cuando les digo "a mi no me funciona".
Si a estas alturas el debate tiene la suerte de continuar, tenemos que recordar que una persona que llega a esas conclusiones no conoce el pensamiento lógico, así que probablemente no nos sirva como una herramienta para ganar el debate. Muchas de estas personas sólo saben discutir por el lado de los sentimientos, así que consideran ganado el debate cuando: 1) nos reímos, ya que nos acusan de "sabelotodo"; 2) afirmamos que no tiene un cuerno de sentido lo que dicen, nos acusan de cerrados; o bien 3) les pedimos pruebas, y nos acusan de positivistas (si conocen esta palabra) o dicen que ellos son la evidencia viva de que la gelatinoterapia oriental vibracional es eficaz.
Descartemos las anécdotas de los que murieron por no acudir al médico bajo recomendación del gelatinoterapeuta, ya que literalmente, no pueden contar el cuento. Descartemos también explicar con estadísticas, ya que muchas de estas personas desconocen la matemática y la física (aunque abusan de una supuesta física cuántica). Y finalmente, descartemos debatir con alguien que gana dinero con eso, la dificultad de explicarle nuestro punto de vista aumenta exponencialmente en relación al dinero que gane. A lo sumo podremos exponer los puntos más simples y débiles ante otras personas y hacerle perder algunos clientes.
Una de las cosas que me resulta, es no hablar de las Medicinas Alternativas en general, porque cuando uno ataca uno de sus planteos ridículos, el naturópata cree defenderse atacando la falta de ética de las Farmacéuticas criminales. Incluso me han acusado de escribir este blog por tener acciones en Baxter. Si así fuese, como mínimo contrataría algún experto para que me de una mano con el diseño.
Los que criticamos a las (les diré terapias, porque me resulta tonto pensar que puede haber varias medicinas) Terapias Alternativas somos enviados de las Farmacéuticas, apoyamos completamente la experimentación con africanos pobres y las eventuales relaciones mafiosas con algunos gobiernos, pero sobre todo, somos mecanicistas y positivistas.
Me parece gracioso que nos acusen de mecanicistas y positivistas quienes defienden que la salud depende de flujos de energías, vibraciones, y memoria molecular por efectos cuánticos. Personas que sustentan sus charlatanerías con palabras científicas, y sobre todo, palabras científicas que no significan absolutamente nada fuera de su ámbito, y no son capaces de preocuparse en averiguarlo.
Y además, lo único que tiene en común la gelatinoterapia, con la homeopatía y el reiki, es que son mentira. No logro entender cómo una persona que cree que el agua ultrapura recuerda los efectos positivos de alguna sustancia que estuvo diluída en ella, pueda creer también que la salud se basa en flujos de energía que deben ser canalizados con las manos. Mal que les pese, son creencias diametralmente opuestas, totalmente excluyentes una respecto a la otra. Si una fuese real, la otra no debería existir. Lo único que tienen en común, es que son mentira.
Por estas dos cosas, me ha resultado más útil tomar cada pseudomedicina en particular, y analizarla puntualmente. En este caso, es necesario separar la paja del trigo de nuevo. Porque la homeopatía por ejemplo, se vende como "una terapia que busca la causa de la enfermedad en vez de intentar sanar los síntomas". Y eso es lo único que sabe la gente sobre la homeopatía, creen que se trata de un enfoque de la medicina, sin más.
El problema principal de esto, es que es mentira. No busca la causa de la enfermedad: la homeopatía no investiga, se dedica a mezclar conjuros mágicos y nada más. No investiga por la simple razón de que si lo hiciera, deberían quemar los resultados o dedicarse a otra cosa.
Si lográsemos que un médico científico salga victorioso en una lucha contra la burocracia, y las empresas de medicina prepaga, podría dedicarse a tener una mejor relación con el paciente, lo cual sería excelente. Pero desgraciadamente, y como están las cosas hoy, sólo pueden permitirse el lujo de hacer esto los charlatanes que no estudian medicina, y que cobran dinero en efectivo de sus clientes. Y por eso son respetados por tantas personas.
De la misma forma, no estoy en contra de la parte de las pseudomedicinas que inspiran a la relajación, a una vida optimista y alegre. Pero por favor, no ensucien esas nobles ideas con el término buenas energías, que se convierten en buenas vibraciones, y se termina desvirtuando cuando dicen vibraciones de más alta frecuencia. Ya que hablan de eso y ni si quiera saben qué es un Hertz, un período, una longitud de onda. Olvidaba comentar que esa frecuencia se puede regular con un imán, holograma, anillo de cobre, pirámide, gema semipreciosa o lo que tenga a mano el charlatán de turno.
Los escépticos científicos no criticamos estas cosas, que en última instancia, no les pertenece. Criticamos la escasez de metodología, o su ausencia completa. Criticamos la completa soberbia y arrogancia con la cual realizan sus afirmaciones, y no aceptan críticas. Criticamos que quieran curar a las personas cuando no son médicos, y que recomienden abandonar los tratamientos serios y probados efectivos.
La Ciencia es completamente opuesta, y logra los resultados que logra mediante el Método Científico, uno de los mecanismos más perfectos de aprendizaje, que permite separar las variables y entender las reglas por las cuales se rigen el Universo. Y se puede decir que es así, porque incorpora un mecanismo de autocorrección simple y básico: si las premisas propuestas no pueden demostrarse mediante la experimentación, por cualquier persona, algo puede estar fallando y hay que volver a empezar.
Y aunque los naturópatas más flexibles quieran hacernos creer que sus tratamientos son "complementarios" y no alternativos, sigue siendo malo para la sociedad. Siguen contribuyendo al círculo sin fin del Pensamiento Mágico, donde la explicación de las cosas es demasiado extraña e inentendible porque se esconde tras el velo inamovible del conocimiento ancestral. Todo lo que esto encierre sólo lo pueden entender algunas personas, y quienes no somos los elegidos no tenemos derecho a cuestionar nada. Se trata de una fe ciega en cualquier bolsa de palabrerío pseudocientífico, y quienes hacemos preguntas, o vemos que los razonamientos no cierran (o lo que es peor, lo hacen sobre sí mismos), es porque tenemos la mente cerrada. Tener la mente cerrada, o podrida por la ciencia, significa para algunos ser curioso y hacer preguntas. También significa dudar y pedir pruebas extraordinarias para afirmaciones extraordinarias.
Contribuir al Pensamiento Mágico, y a la irracionalidad, no puede traer más que consecuencias irracionales y terribles. Cuando se desconecta el cerebro, se puede hacer cualquier cosa. Y si queremos vivir en una sociedad coherente, no podemos basar nuestras decisiones en la más absoluta arbitrariedad.
Decisiones basadas en la irracionalidad... ¿Alguien escuchó de algún político importante que consulte frecuentemente a brujos, astrólogos y demás fauna adivinatoria? Históricamente hubo una estrecha relación entre miembros del poder y brujos, y si bien son datos que no suelen hacerse públicos, en Argentina hubo escándalos con la bruja del ex presidente Carlos Menem, o la de De La Rua. Y yendo un poco más lejos, hay anécdotas documentadas de Ronald Reagan siguiendo consejos de un astrólogo contratado por su esposa, y Bill y Hillary Clinton contratando a videntes para contactar con Eleanor Roosvelt y pedirle consejos.
A pesar de todo esto, pareciera ser que el Pensamiento Mágico tiene algo que el Pensamiento Crítico no. Los beneficios que nos trae la ciencia son palpables en todos los aspectos posibles, sobre todo en la pantalla misma donde usted está leyendo esto. Pero los beneficios directos de la ciencia son sólamente materiales. La religión, la pseudociencia y demás formas irracionales de concebir el mundo, son tan insustanciales que nos venden un paquete enorme de dogmas, costumbres, rituales y reglas morales (todas incuestionables), porque simplemente no tienen otra cosa.
Y aquí se puede volver a acusar a la ciencia de institución materialista y fría. La ciencia y la tecnología desarrollan conocimientos para entender el mundo y herramientas para hacernos la vida más simple y amena. A partir de aquí, lo que nosotros hagamos de ella, depende de nosotros.
Muchos no gustan de tener responsabilidades de este tipo y, prefieren creer que todos los sucesos son reglados por algo imperceptible que les da sentido.
La palabra imperceptible nos lo dice todo: por más interesante que fuese, no hay razón para pensar que efectivamente sea así. ¿La vida tiene menos sentido por esto? No necesariamente, sólo que depende de nosotros encontrarle un sentido.
Volviendo al tema de la energía vital y todas esas sustancias de existencia dudosa, quienes somos más escépticos, no rechazamos estas ideas por cuestiones personales. Lo único que pedimos es alguna prueba fehaciente e irrefutable de que lo que dicen es correcto. Mientras no puedan presentar eso, la seriedad de sus afirmaciones no va a ser diferente que la que tiene el ratón de los dientes, las hadas y los dragones. ¿Puede ser que haya algo más allá que lo que podamos percibir? Sí, de hecho, la lista de cosas que puede haber más allá es infinita, por eso no tenemos forma de saber si cuando morimos nos vamos al cielo, al purgatorio, al tercer infierno, reencarnamos en un caballo o una ameba. Son tantas las opciones y tantas las que podemos inventar, que no hay razón para creer en una sobre otra, por eso tenemos un poco de humildad y no afirmamos nada. Al día de hoy lo único que sabemos es que dejamos de vivir.
Por más reconfortante que sea, afirmar algo diferente no es más que una prueba de soberbia. Creer que sabemos sin basarnos en nada, rechazando la realidad, es arrogancia, pura y dura.
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